Ferroburgo, un poco de historia.

Hace ya dos décadas, la ciudad de Ferroburgo fue tomada al asalto por las fuerzas armadas combinadas de Prusia y Albión. Tras dos días de lucha saquearon la ciudad a conciencia, asesinando sin piedad a casi toda la población.
La urbe quedó flotando a la deriva sobre la superficie de Viejaeuropa, un espectro de metal navegando silencioso sobre un mar de nubes venenosas.

 

Vista General

La ciudad de Ferroburgo tiene la forma de un colosal disco de roca y metal de seis kilómetros de diámetro y entre trescientos y cuatrocientos metros de altura. Flota a poco más de dos kilómetros del suelo, moviéndose de forma errática (o al menos eso parece a sus escasos moradores humanos) sobre la devastada superficie de Viejaeuropa y el mar de bruma venenosa que cubre estas tierras. Permanece en el aire gracias a un reactor de carbonoscuro ubicado en su centro, con el poder suficiente para mantener en vuelo millones de toneladas de metal y a un puñado de desgraciados supervivientes armados hasta los dientes.

 
Vista desde arriba, aparece cubierta por una espesa capa de exótica vegetación que, en algunas zonas, llega a colgar de su periferia. Las construcciones que sobresalen entre la selva son altas y afiladas, barrocas a su manera, surcadas de gruesas tuberías y cables de cobre, estatuas de mármol de inspiración clásica junto a otras modernas de metal brillante. Estos rascacielos de granito, acero y bronce, fueron construidos como un homenaje a la ciencia y el avance tecnológico en una era regida por la razón.

 
A nivel del suelo los edificios se encuentran dispuestos sobre una ordenada rejilla de calles y avenidas minuciosamente trazada, pero a cierta altura comienzan a conectarse unos a otros a través de una compleja telaraña de puentes y viaductos, capaz de desafiar la orientación del mejor explorador.

 
La totalidad del perímetro de Ferroburgo está plagado de espaciosos hangares, muelles de atraque y pistas de aterrizaje, algunas todavía hoy practicables. Legado de su pasado comercial, aquí aterrizaban las aeronaves cargadas de materias primas que las factorías de la ciudad transformaban en productos de la mas alta tecnología.

 
Tras el Asalto previo a la Gran Guerra, la ciudad quedo casi totalmente destruida. Pocos de sus edificios resistieron el intenso bombardeo de proyectiles de ácido y tan solo un puñado de sus rascacielos permanecen en pie, desafiantes. Las grandes barriadas del Distrito Urbano, donde tenían su hogar los trabajadores de las factorías, fueron arrasadas por la infantería pesada y las aberraciones genéticas invasoras. A día de hoy forman un laberinto de edificios en ruinas. Fábricas, hangares y almacenes quedaron vacíos después de ser saqueados en busca de los secretos tecnológicos de Ferroburgo.

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