Presentando Valleoculto

– Tamaño: Ciudad pequeña.

– Prosperidad: acaudalada (aunque para unos más que para otros).

– Población: estable, unos 8500 habitantes entre casco urbano, aldeas cercanas y numerosas granjas repartidas por la región.

– Defensa: guardia bien entrenada pero indisciplinada, y una vieja muralla medio derruida que data de las guerras con la extinta Confederación Hacha de Piedra. La guardia no patrulla los caminos, se limita tan solo a la propia ciudad. Acude a las aldeas en caso de necesidad, pero sin demasiado entusiasmo. Mas allá, cada uno cuida de sí mismo.

– Recursos: Pesca fluvial, ganado, artesanía del metal.

– Otros: Centro de poder divino (Gran Catedral), Gremio de la Ganzúa de plata (organización criminal dedicada al robo y la extorsión), Mercado diario (comercio regular con los asentamientos enanos de la Dorsal de Hierro).

 

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Vista general de la región

Las tierras de Valleoculto comprenden un extenso valle boscoso enclavado entre dos escarpadas estribaciones montañosas, ubicadas en la parte occidental de la cordillera Dorsal de Hierro. Junto a la propia ciudad se encuentra el lago Portal de Otoño, una gran masa de agua con abundante pesca, cuya margen suroeste se transforma en unas peligrosas marismas conocidas como los Ciénagas de la Niebla.

 
Hace siglos, todas estas tierras constituían la frontera con la desaparecida Confederación del Hacha de Piedra, una nación formada por decenas de clanes orcos bajo el mando de un único gran caudillo. Sus grandiosas ciudades, reducidas a meras ruinas, yacen cubiertas por el musgo o profundamente enterradas. Hoy en día tan solo sobreviven un puñado de clanes orcos, llevando una vida seminómada bajo el dosel de los profundos bosques y añorando sus días de gloria, perdidos pero no olvidados.

 
Por toda la región aún pueden encontrarse fuertes y torreones, vestigios de las batallas que se libraron en el pasado. Algunos de ellos son aprovechados por la Guardia de Valleoculto, mientras que otros han sido ocupados por bestias salvajes y peligrosas criaturas.

 
Valleoculto fue edificada en torno a una antigua catedral, erigida como mausoleo para los héroes de viejas guerras perdidas en las brumas del tiempo. Sus retorcidos callejones y avenidas principales parten del templo. Son calles estrechas y en oscuridad casi perpetua, iluminadas por faroles de gas alquímico que brillan como espectros en la noche. Están adoquinadas en piedra gris, con los edificios a uno y otro lado tan próximos que casi parecen tocarse a la altura de los tejados. Una densa niebla, procedente de las ciénagas al oeste, aparece en cuanto cae la noche y tan solo se dispersa bien entrada la mañana.

 
Las casas y mansiones de la ciudad están construidas en piedra oscura, con frecuencia cubiertas por enredaderas de hojas gruesas y carnosas, típicas de la región. Son edificios muy altos y estrechos, con tres o más plantas y tejados abuhardillados de pizarra azul, coronados por torres y chapiteles muy ornamentados. Ventanales de cristal emplomado adornan las fachadas, siempre cubiertos por gruesas cortinas que apenas dejan entrever la luz de los hogares.

 
Valleoculto es gobernada por la Cámara de Comercio, un consejo elegido de forma en teoría democrática, aunque la realidad es bien distinta. Dictan leyes solo en su propio beneficio, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

 
A pesar de ser un próspero nudo comercial, que aprovecha su cercanía con las minas y ciudades enanas de la Dorsal de Hierro, gran parte de los habitantes de Valleoculto viven de forma muy pobre. En los barrios menos favorecidos las casas están en un estado ruinoso. Los alquileres son abusivos, y con frecuencia la misma vivienda es compartida por varias familias. Casi todos los empleos son controlados por un reducido número de personas, que pagan a sus empleados una miseria por largas jornadas de trabajo. Los artesanos independientes son obligados a abonar tasas e impuestos elevados, lo que condena a muchos a echar el cierre.

 
Impresiones

– Ciudad sombría, gente sombría.
– Recelo en las miradas.
– Perros que ladran en la distancia.
– Calles estrechas, cubiertas de niebla.
– Luz tenue, faroles de gas de los pantanos.
– Hedor a pescado podrido y madera quemada.
– Ratas en las calles, devorando inmundicia.

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