Asentamientos en Ferroburgo

Los supervivientes de Ferroburgo no se distribuyen de manera precisamente homogénea, sino repartidos según su suerte y posibilidades en tres tipos de asentamientos.

 

Enclaves

Son un puñado de zonas más o menos seguras donde los supervivientes tienden a agruparse, buscando seguridad, provisiones o simplemente compañía. Pueden ser desde remotos talleres reacondicionados a edificios fortificados y rodeados por trincheras y campos sembrados de minas.

Todos se encuentran lo más cerca posible de un nexo de aprovisionamiento, donde es fácil encontrar suministros básicos de comida o agua.

Los nexos de aprovisionamiento son puntos de unión con el sistema de reciclaje de Ferroburgo, encargado de la elaboración de alimentos y el tratamiento de aguas a partir de residuos. La comida resultante es una repugnante pasta de color ocre que sabe ligeramente mejor que un puñado de barro, y el agua tiene un más que sutil regusto ácido, pero siempre es mejor que nada. Los más viejos comentan que, por alguna misteriosa razón, sabía todavía peor antes del Asalto.

Los diferentes enclaves albergaron a miles de supervivientes tras el Asalto y posterior saqueo de la ciudad. El hambre, las enfermedades, la desesperación y sobre todo los enfrentamientos entre los propios supervivientes redujeron sus habitantes a cientos en menos de cinco años. Pasadas dos décadas, y con las amenazas multiplicándose de manera imparable, los enclaves actuales tan solo cuentan cada uno con unas pocas decenas de miembros y su número disminuye inevitablemente.

Es imposible llevar la cuenta del número exacto de enclaves. Muchos desaparecen tan rápido como se formaron, engullidos por la ambición humana, destruidos por fugas en el reactor central de la ciudad, o por causas mucho mas misteriosas. Año tras año, los peligros de Ferroburgo se cobran su cruel precio en sangre humana. Estos son solo algunas muestras…

Transformador 9, distrito fabril

Estaba ubicado en el interior de un edificio construido justo sobre una de las tuberías principales de canalización de carbonoscuro, de donde extraía toda su potencia a través de un grupo de enormes transformadores.

Contaba con defensas autómatas e incluso con un grupo de coraceros armados con fusiles de rayos, conectados por cables a los generadores principales. Sus habitantes eran orgullosos, se creían a salvo, a pesar de vivir sobre una bomba de relojería.

Un buen día, hubo un escape en una de las válvulas principales de seguridad. Tomó la forma de una nube de partículas de carbonoscuro que arrasaba todo lo que tocaba. El metal se arrugaba entre chirridos, la piedra se volvía quebradiza y la carne se disolvía en segundos. Tan solo sobrevivieron un par de coraceros que se encontraban de guardia en el perímetro, y aun así murieron dos semanas después víctimas de horribles mutaciones.

Desde entonces el enclave es zona prohibida, aunque eso no detiene a los buscadores de chatarra, ansiosos de hacerse con sus maravillas tecnológicas.

Se dice que el escape fue intencionado, provocado por agentes de Engranaje, el círculo interior que controla Pila de Carbón. No podían permitir la existencia de un centro tecnológico equiparable a su propio enclave.

 

Axia, distrito urbano

A pesar de que los enclaves cuentan con un suministro de comida y agua de mínima calidad, a través de los nodos de aprovisionamiento, puede ser un error mantenerlos como principal fuente de sustento. Esto sucedió en Axia, un enclave situado en la periferia del Distrito urbano. Durante un invierno, uno de los más crudos que se recuerdan, quedó aislado por una súbita migración de depredamorfos.

Su suministro de comida y agua se volvió tóxico, quizás por una contaminación accidental o por un sabotaje. De la noche a la mañana se encontraron incomunicados y sin víveres. Cuando meses mas tarde, con el inicio de la primavera, llegaron los primeros mercaderes itinerantes, encontraron tan solo a un puñado de supervivientes al pie de un pozo lleno de cadáveres humanos parcialmente devorados.

 

Estación Venecia, distrito portuario

A veces la gente desaparece porque sí, tal es la naturaleza de Ferroburgo. A mediados del verano del quinto año tras el Asalto una gran ola de gas engulló a la ciudad. El viaje entre enclaves se hizo casi imposible. Un grupo de cazadores en ruta decidió buscar refugio en una apartada estación de ferrocarril del distrito portuario, cerca de una plataforma de despegue. Cuando los cazadores llegaron al lugar lo encontraron desierto y silencioso. El suelo y las paredes estaban cubiertos por una gruesa capa de una sustancia grasienta y pegajosa en la que flotaban pequeñas astillas de algo parecido a hueso.

Salieron de allí a toda marcha, sin volver la cabeza. Cuando regresaron días más tarde, apoyados por un grupo de soldados del Dominio armados con lanzallamas, la capa de porquería había desaparecido misteriosamente, sin dejar rastro alguno.

 

Campamentos

Lo normal es que estén formados por un grupo de tiendas de lona rodeado por varios cercos de alambre de espino, con algunos puestos de vigilancia aquí y allá. Se establecen como un asentamiento provisional, aunque a veces pueden constituir el germen de un enclave, sobre todo si la zona es relativamente estable y segura. Desde bandas organizadas de asaltantes y bandidos a grupos de cazadores, pasando por mercaderes y mecánicos itinerantes, se reúnen en campamentos fáciles de trasladar de una parte a otra de Ferroburgo.

 

Refugios

Se encuentran repartidos a lo largo y ancho de la ciudad. Son empleados principalmente por rastreadores y exploradores, como puntos en los que abastecerse y descansar durante un tiempo antes de continuar la marcha. Pueden ser cualquier cosa lo bastante grande como para alojar a un reducido grupo de personas, desde un diminuto sótano bien oculto hasta la vaina de descenso vacía de un mekzerker. En su interior puede haber munición, algo de comida, agua y medicinas, dejadas por los anteriores inquilinos. La costumbre dicta que si utilizas alguna de estas cosas, debes dejar otra a cambio a fin de que el refugio no se quede sin recursos.
Nunca son fáciles de encontrar, esta constituye una de sus mejores defensas. La localización exacta de un refugio tan solo se revela a amigos y aliados de confianza. El camino hacia un refugio siempre cuenta con trampas, desde cepos hasta minas antipersona, aunque es de esperar que el futuro inquilino sepa eludirlas.

 

Y aún existe mucho mas fuera de la ciudad volante. Lugares que explorar y nuevos peligros desconocidos, acechando bajo el mar de bruma tóxica.

Rocas colmena

Esta es sin duda una de las más infames creaciones de los ingenieros mutadores de Albión. Su aspecto exterior es el de enormes rocas, montañas que flotan a cientos de metros sobre la superficie del mar de bruma. Su exterior está plagado de grandes orificios irregulares, del tamaño aproximado de un hombre adulto. Se mantienen a flote por medio de bolsas de un gas especial que ocupan casi todo su interior, generadas por colonias de bacterias.

 
A pesar de su aspecto no se trata de cúmulos de roca, sino de auténticos seres vivos. Fueron diseñadas como factorías biológicas, máquinas vivas capaces de gestar en su interior generaciones completas de las criaturas que los ingenieros mutadores desarrollaban en el laboratorio.

 
Cada roca colmena es capaz de generar un tipo específico de criatura, generalmente de tamaño similar al humano y dotada de capacidad de vuelo. La primera generación se dedica a capturar presas que sirven tanto de sustento como de materia prima para siguientes generaciones.

 
Las rocas colmena son una visión común, sobre todo en el centro y sur de los cielos de Viejaeuropa. Han sido capaces de aclimatarse al mar de bruma, sin duda debido a algún tipo de sistema de adaptación rápida incluido en su complicada genética.

 
El enjambre segador forma parte de los restos de una de estas rocas colmena. Qué inconcebible monstruosidad pudo acabar con ella es un verdadero misterio, uno que nadie tiene intención de desentrañar.

 

Ciudadelas independientes

Fueron diseñadas y construidas como sedes de corporaciones transnacionales o por acaudalados empresarios. Algunas fueron tomadas por piratas, refugiados y desertores hacia el final de la Gran Guerra, y podrían estar todavía habitadas.
La forma y tamaño de éstas construcciones puede ser muy variado.

Algunas toman la forma de mansiones victorianas rodeadas de extensos jardines, mientras otras son un conglomerado de edificios corporativos fuertemente armados y acorazados. Sin embargo, no es buena idea dejarse llevar por las apariencias a la hora de explorarlas. Todas cuentan, casi sin excepción, con sistemas de defensa autómata construidos para funcionar sin mantenimiento durante décadas. Otras sirven de base a reducidos grupos de supervivientes, algunos de ellos soldados pertenecientes a las antiguas potencias en conflicto.

 
Es posible verlas flotando a poca altura sobre el mar de bruma. Con sus sistemas de elevación dañados y de calidad muy inferior a los de Ferroburgo, su destino más probable es acabar colisionando contra el suelo.

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